Wednesday, September 21, 2011

Patria impecable y diamantina











(...)

Cuando nacemos, nos regalas notas,
después, un paraíso de compotas,
y luego te regalas toda entera
suave Patria, alacena y pajarera.
Al triste y feliz dices que si,
que en tu lengua de amor prueben de ti
la picadura del ajonjolí. 

(...)

PFFFT!

Tuesday, September 6, 2011

Waldman


Max Waldman nació en 1919 en Brooklyn, Nueva York. Pasó su infancia en un orfanato y en la década del 30 formó parte de un programa de asistencia para combatir la pobreza y el desempleo entre los jóvenes norteamericanos durante la gran depresión, llamado  Cuerpo Civil de Conservación[1] donde, se dice, comenzó a tomar fotografías. [2] Durante los primeros años de su carrera fue un fotógrafo comercial especializado en la industria y la moda. La segunda y más importante etapa en su carrera comenzó cuando se adentró en el mundo del teatro y la danza.

 Bailarines clásicos en plena ejecución se volvieron el objeto primordial de su obra. Las fotografías de Max Waldman eximen al cuerpo humano no sólo de lo cotidiano, sino que también lo llevan más allá de lo estático que la fotografía supone. En su obra se distinguen contrastes dramáticos para el espectador: blanco y negro en perfecto balance, los cuerpos tensos son, al mismo tiempo, gráciles, etéreos y permanentes. El grano de sus fotografías se nota reventado, por lo que la imagen se transforma; ya no es un retrato de la realidad, sino una mera ilusión de lo que alguna vez aconteció; con esto, Waldman devuelve lo intangible al momento fotografiado.


En 1970, concretamente, inició su idilio con la danza cuando fue solicitado por la revista Time Life para fotografiar a Natalia Makarova, primera bailarina del Ballet Kirov. Mientras Makarova interpretaba La muerte del cisne, Waldman logró aprehender sus movimientos de forma nítida. La bailarina cuenta una historia con sus movimientos, mientras que el fotógrafo congela tan sólo un instante y captura toda la esencia y febril impulso del ave en agonía.

De alguna forma, los movimientos fugaces capturados por Waldman en cada una de sus fotografías son tan contundentes en la mente del espectador, que se vuelven continuos. Sus fotografías parecen premeditadas, sin embargo, son fortuitas: “accidentes oportunos”, como él solía llamarlas. Lo único que es deliberadamente intencional en su obra es representar la esencia poética de un gesto terrenal y volverlo trascendente.


Retrató a los mejores bailarines de su tiempo, como el ruso Mikhail Baryshnikov, Judith Jamison, Gelsey Kirkland, entre otros.  



[2] “…Max was part of the Civil Conservation Corps, where he first started photographing (…)” en  http://www.maxwaldman.com/pages/bio.html