Durante la época victoriana se utilizaron algunos juguetes ópticos que comprueban la persistencia retiniana. Uno de ellos fue el taumatropo o rotoscopio o Wonderturner, el cual reproduce el movimiento mediante dos imágenes plasmadas sobre ambos lados de un disco que tiene un trozo de cuerda atado de cada lado:. Las imágenes se unen cuando se tensa la cuerda, obligando al disco a girar. Gracias a la velocidad del disco al girar se comprueba el principio de la persistencia retiniana, ya que se crea la ilusión de que ambas imágenes están juntas.
El fenaquistiscopio fue un intento más elaborado de probar el principio de la persistencia retiniana. Consiste en varios dibujos de un mismo objeto (de preferencia dieciséis), cada uno con leves cambios de posición, distribuidos en una placa circular lisa. Cuando esta placa se hace girar frente a un espejo, se crea la ilusión de una imagen en movimiento.
El zoótropo es una máquina compuesta por un tambor circular con cortes a los costados, a través de los cuales mira el espectador la serie de dibujos en tiras que se disponen dentro de dicho tambor. Se necesita hacer girar el tambor para que exista la ilusión de movimiento.
El praxinoscopio es una máquina similar al zoótropo. Es un tambor que en su interior posee una serie de espejos destinados a reflejar la serie de dibujos situadas al rededor del tambor.




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