Metropolis (Fritz Lang, 1927) representa un momento importante en la historia del cine. Empleó la más avanzada tecnología y efectos especiales de su tiempo. Plantea temas sobresalientes para el pensamiento europeo en la década del 20, como el trabajo automatizado, la organización industrial y la ciencia. La historia de Metropolis se interesa por retratar la ciudad industrializada encabezada por Jon Fredersen, en la cual los trabajadores son reducidos a una masa de obreros explotados y sin rostro. Una joven mujer, Maria, procura consolarlos al recordarles que un mediador vendrá a salvarlos de su angustiosa condición. El hijo del jefe, Freder, se enamora de Maria y la convierte en la liberadora y crítica de la tiranía de su padre. Fredersen se entera del descontento de los obreros y contrata a Rotwang, el inventor que ha estado trabajando en un robot que aunque asemeja al hombre en apariencia, jamás de cansa ni comete error alguno. Rotwang secuestra a Maria y bajo la encomienda de Fredersen, construye un robot a semejanza de la joven. Dicho robot es programado para incitar una revuelta entre los obreros, de esta forma Fredersen podría recurrir a medidas punitivas en contra de ellos. Las revueltas causan estragos en la ciudad subterránea en la que los obreros viven y se inunda, poniendo en riesgo la vida de los niños. Los obreros capturan a Maria y la queman, como consecuencia descubren que es un robot. Freder rescata a la verdadera Maria y prosiguen con un final feliz, donde Maria, Fredersen, Freder y los obreros se reconcilian.
En comparación con otras películas de la época, Metropolis presenta varios personajes, además de que incluye escenas con una gran cantidad de personas. La película no es el retrato de un personaje en especial, sino que es una representación de la sociedad industrializada, así como la visión que vaticina un posible futuro.
Si bien el trabajo de cámara no es fluido, en escenas de acción, el encuadre permanece fijo, la multitud coreografiada en Metropolis es el factor elemental que da movimiento al encuadre. Dichas coreografías representan claramente la industrialización, la transformación del hombre en un simple engrane más dentro de la gran máquina industrial; el empeño de la clase trabajadora bajo el rigor, las masas de irreconocibles y desindividualizadas entidades, frente (o debajo) a quienes prescinden del trabajo físico para sobrevivir.

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